Paco, los grandes hombres viven y mueren de pie

Paco, un gran hombre en Alta Gracia

Recuerdo una tarde después de la cacería cuando estábamos en la terraza de un hotel en Alta Gracia, la ciudad donde el Che pasó su infancia en Argentina, luego de una jornada de caza de palomas torcaces.

Estabas hablando sentado mientras fumabas tu puro con uno de tus guías cuya función era localizar sectores de palomas torcaces.

Frente a ti expuso hechos y argumentos, comentarios al hablar alto y rápido como disgustado y te contentaste sin mirarlo, de reojo, de escucharlo con calma como dándole un oído atento pero sin dejar de callar en medio del rizos de humo de tu puro.

Desde ese día siempre he tenido en mente que los grandes hombres son aquellos capaces de escuchar hablar al otro sin interrumpir, sin discutir ni justificar. Estar ahí pero sin aparecer.

Paco, en Villa Unión

También recuerdo un día en que me dijiste: amigo, mi casa es tu casa, aquí estás en casa.

Pinto

También recuerdo un viaje en carro, por esos largos caminos que antaño usaban los gauchos, que habíamos hecho juntos desde Pinto hasta Córdoba.

Yo estaba conduciendo y tú que ya estabas enfermo elegiste la música de tu iPad y tocaste canciones de Edith Piaf, Yves Montand, etc. cuando después de la secundaria viniste a estudiar a Francia.

Entonces me di cuenta de que su conocimiento general iba mucho más allá de las fronteras de España y Argentina y que era muy superior al mío.

Ese día también sentí el peso de tu educación y que eras un ser aparte.

Santiago del Estero

Otro día, habíamos ido a cazar patos, tu gran pasión entre la caza aunque los amaras a todos, habías cazado todas las especies y en todos los países. Tenías que quedarte al borde de la laguna porque con tus cañas no podías meterte más al agua.

Ese día había muchos patos, mi secretario había pedido ayuda al tuyo para traerlos de regreso a la orilla. Tú me preguntaste pero ¡cuántos patos hay no es posible! Y te respondí sin mirarte, probablemente 25. Y no me creíste. Estabas muy feliz porque habías tomado 1.

Ese día comprendí que a los grandes cazadores no les interesan los números.

Córdoba

Cada año, cada vez que volvía a verte, tus dolores se habían incrementado y tu condición había empeorado pero cada vez, ignorando el sufrimiento, te levantabas en tus bastones y peleabas diciendo que pronto iré contigo a cazar y Traeré un pato.

No entendí qué significado darle a tus repetidos esfuerzos por luchar, sobrevivir, levantarte, seguir adelante. Parecía que tenía nueve vidas. Hoy que ya no estás, que te has ido, entendí lo que eso significaba.

«Los grandes hombres viven y mueren de pie»

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